Relato de parto de Juny, 06/07/2025
Empecé las contracciones en la madrugada del viernes 04/07. Ya aquella noche apenas pude dormir más de 1 o 2h… Por la mañana, Quique del equipo Mudra nos visitaba en casa. Ya estaba de 42+1 semanas.
Había leído libros de Michel Odent, Casilda Rodrigáñez e Ibone Olza, y sabía sobre la violencia obstétrica en los hospitales, y cómo la forma de nacer afecta al desarrollo del bebé, y por todo ello sabíamos que la mejor opción era parir en casa. Somos mamíferos y para parir necesitamos intimidad, calor, seguridad… lo mismo que cuando haces el amor. Por eso contactamos con el equipo Mudra.
Después de la semana 40 estaba tranquila; el último contacto con la Seguridad Social había sido la ecografía de la semana 36, ya que hacíamos el seguimiento con Mudra y no necesitábamos seguir más con el centro de salud, además de que sabíamos que a partir de la 41 nos querrían inducir el parto, y nosotros queríamos respetar el momento de nacer que nuestro hijo decidiera, sin presiones. No obstante, a partir de la semana 41, el equipo Mudra, que son muy profesionales, nos recomendaban hacer ecografía Doppler cada 3 días. Yo, sin embargo, me conectaba con mi bebé y sabía que estaba todo bien, pero accedimos a hacer una ecografía Doppler en la semana 41+5. Lo hicimos y estaba todo perfecto.
Continuando con el parto, las contracciones estaban bastante espaciadas, cada 9 min aprox. Eran muy dolorosas, no me podía tumbar, y al no haber podido dormir estaba muy cansada. Seguimos así durante todo el día. Le decía a mi compañero que no me extrañaba que algunas mujeres pidieran la epidural, pero yo lo iba transitando; no era mi deseo ponérmela, ya que sabía que no era inocua para el bebé. Entendíamos el parto como un proceso natural, y cuanto más natural y sin interrupciones, mejor.
El día fue avanzando y llegó la madrugada siguiente. Pasé toda la noche igual. Transitaba las olas con la respiración, el movimiento de caderas (círculos o infinito) y la vocalización (la A para abrir el canal). Ya era sábado por la mañana, y al mediodía vino Marga. Ya llevaba unas 33h de contracciones. Me propuso un tacto para saber de cuántos cm estaba, pero no quise. Miró entonces la línea púrpura que se marca detrás del trasero y nos dijo que debía de estar de 3cm… no es que me desmoralizara, pero fue un poco un jarro de agua fría, porque estaba cansada, las contracciones me irradiaban fuerte a las lumbares, como una fuerte descarga eléctrica, y llevaba ya muchas horas… pero por dentro pensaba que algún sentido debía tener, y que no me podía quedar de aquella manera para siempre… que el parto tarde o temprano tenía que avanzar… y lo estaba haciendo, a su manera, pero lentamente… más tarde supe que era el proceso que yo necesitaba. Nos tranquilizaba saber que era «normal», y que incluso había mujeres que tardaban más en parir. ¡Hasta 3 días! Entonces decidí ir instalando la piscina de parto para llenarla de agua caliente y entrar en ella para aliviar las sensaciones y transitar lo que quedaba de proceso de la mejor manera posible. Y si el parto se paraba, pues que se parara, así aprovecharía para descansar.
Mi compañero llenó la piscina, Marga se marchó y yo me metí dentro. Mi compañero también se metió un rato y, entre contracción y contracción, hacía pequeños microsueños, inclinada hacia él que me sostenía con sus brazos. No sé si me permitía descansar mucho, pero la sensación allí dentro era más llevadera que fuera. La tarde fue pasando, yo continuaba con mis olas uterinas, que iban y venían cada 6 y 9 minutos… y por la tarde/noche ya había tenido alguna con ganas de empujar. ¿Querría decir que la dilatación iba avanzando? Es curioso cómo aquel proceso largo me permitía ir apagando la mente y conectar con mi cuerpo cada vez más y más. Mientras tanto, por mi cabeza pas…
Mientras tanto, por mi cabeza pasaban frases como «mi cuerpo sabe parir…», «las olas uterinas no son más fuertes que yo porque son parte de mí», etc…
Al anochecer vino Quique, ya eran las diez y cuarto de la noche. Llevaba ya unas 43 horas de parto. Me propuso un tacto, y esta vez accedí. Quería saber si la cosa estaba avanzando o no. Para sorpresa de todos, nos dijo que estaba de 7cm. Avisó a Marga para que trajera los enseres de parto, ya que él no los había traído. ¡Esto quería decir que el trabajo activo estaba empezando! ¡Me dio un súper «chute» de energía aquello! Nos propuso salir a dar un pequeño paseo para romper un poco el «contexto» y renovar fuerzas, y así lo hicimos.
Al volver, comí un poco de tomate, pepino y manzana. No tenía hambre aquellos días pero había comido un poco de dátiles y cosas frescas. Y bebí mucha agua… Al terminar, volví a entrar en la piscina, y al cabo de poco empezó el expulsivo. Agarrada de las manos de mi pareja, que estaba de rodillas frente a mí fuera de la piscina de partos, de mi cuerpo empezó a emanar una serie de rugidos y sonidos guturales salvajes, como una mamífera de parto, entre contracción y contracción, que ya eran más seguidas, cada 3-4 minutos. Marga, mientras tanto, llegó a la escena, silenciosamente. Estuve así unas 2 o 3 horas, más o menos
Iba notando cómo mi hijo descendía a través de mi canal. Lo notaba más cerca; no obstante, me metía los dedos dentro de la vagina y no tenía claro lo que estaba tocando… parecía su cabecita, pero yo estaba en otro estado de conciencia, y todo me parece confuso, difuminado, difuso… «creo que noto la cabeza», dije.
De vez en cuando, Marga auscultaba el latido del corazón de mi hijo, mientras yo por dentro me conectaba con él y sabía que «todo estaba bien».
Aquella noche soplaba una brisa fresca de agradecer después de tanto calor… Aquel viento en aquel momento de parto era para mí muy mágico. Me conectaba con lo más espiritual, ¡el momento en que mi hijo estaba encarnando en este planeta! ¡Las mujeres somos pura magia!
Seguían las contracciones, y notaba que Juny estaba cada vez más cerca de coronar… y llegó el momento, el Aro de fuego. Con el estado de conciencia alterado por todo el cóctel hormonal lo notaba a punto de coronar, así que dije «¡creo que está a punto de sacar la cabeza!» y Marga me dijo «¡tienes que empujar fuerte!» y yo iba empujando pero sin hacerlo demasiado intensamente porque no me quería desgarrar. Pero al decirme aquello, empujé más fuerte y sentí crujir la cadera por la sínfisis púbica. Pensaba que me rompía, sentía mucha presión, pero por dentro me dije «me entrego a la muerte» y me imaginé mi cadera en un plano transversal como con forma de calavera… ¡Y sacó la cabeza! Y dije «¡creo que ya tiene la cabeza fuera!»… para mí era todo como un sueño, estaba literalmente en «trance»…. eran las 03:51h de la noche, y al cabo de 4 minutos ya había salido todo el cuerpo, así que dije «¡creo que ya ha salido!», y Marga me dijo «¡cógelo!» y lo busqué entre las aguas que estaban turbias, lo cogí y lo saqué del agua. Salió como una Venus del agua, precioso, repeinado, limpio (ya no tenía vérnix porque lo había absorbido). Yo estaba en «shock» todavía, pero me lo puse en el pecho y me senté dentro de la piscina. Lo contemplábamos los 4… ¡qué preciosidad! No lloró, parecía que sonreía ligeramente, nos mirábamos… ¡Era la cosa más bonita del mundo! Le canté la canción de bienvenida que le había compuesto (una tradición de sociedades tribales africanas), y decidimos recibir la placenta fuera en la silla de partos. Me ayudaron a salir del agua porque yo estaba sin fuerzas en las piernas, después de todo el esfuerzo de rodillas en el agua…
La placenta no tardó en salir, y empecé a echar sangre, con lo que, aconsejada por Marga y Quique, decidimos que me inyectaran oxitocina; y así paré de sangrar al momento. La placenta la guardamos para hacer cápsulas y medicina placentaria para mi hijo. Me miraron y no tenía ningún desgarro y estaba todo bien. Me hicieron un batido de frutas con un trozo de placenta que me supo a gloria después de aquellas 49h de parto con todo el esfuerzo, sin haber dormido ni apenas comido…
Finalmente, mi hijo había nacido en la semana 42+3. Estaba sano y perfecto, y nosotros súper felices de tenerlo en brazos por fin.
Volvería a parir con el equipo Mudra y volvería a repetir mi parto, ya que fue perfecto. Un proceso de 49h perfecto, no cambiaría nada. El parto es un rito de paso, no tiene por qué ser fácil. Si lo es, bienvenido sea. Yo lo viví tal como lo necesitaba, para transitar la nueva maternidad. El cuerpo es sabio, la naturaleza es sabia. Solo la tenemos que acompañar.
Gracias Quique, Marga y Carla por vuestro acompañamiento, profesionalidad, calor, sabiduría y amor. Os estaremos eternamente agradecidos 🙏🏻❤️




